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Che

Yo tuve un hermano.
No nos vimos nunca pero no importaba.

Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.

No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.

JULIO CORTÁZAR
(octubre de 1967)





Primero Putin y Ahmadineyad anunciaron un alianza común contra EEUU y ahora, George Bush amenazó el día de hoy con una tercera guerra mundial si Irán llega a "conseguir" armamento nuclear. Este tipo sin duda está loco, una guerra de esa índole no cabe ya, ahora si ya no estamos hablando de poblaciones desvastadas, esta nación puede mandarnos a todos al cielo o al infierno si quisiera.

La pregunta sería, y ahora señor Bush se tratarían de armas reales o imaginarias como aquella última vez?, El mundo está de cabeza señores, a que nivel hemos llegado, tanto que hablamos y hablamos en foros, congresos, algo que suena "interesante" pero muy muy lejano tal vez pueda convertirse en realidad. Podemos ser tan imbéciles de asesinarnos señores? a nosotros mismos?, Cómo siendo tan inteligentes podemos llegar a investigar y "jugar" a estar cada vez más cerca de la posible muerte de nuestro planeta.

Cito de El PAIS

AFP

WASHINGTON.- El presidente de EEUU, George W. Bush, se ha dirigido en rueda de prensa desde la Casa Blanca a los dirigentes internacionales para insistir en que es necesario impedir que Irán se dote de armamento nuclear si quieren "evitar una tercera guerra mundial".

"Tenemos un dirigente iraní que anunció su intención de destruir Israel", ha recordado Bush en su intervención. "Por ello digo [a los dirigentes mundiales]: si quieren evitar una tercera guerra mundial, creo que deberían tratar de impedir que Irán obtenga los conocimientos necesarios para fabricar un arma nuclear", ha insistido.



El que este señor haya dicho esto, ya es un acto de terrorismo, menudo tipejo que cree que puede amenazar al mundo con una tercera guerra, en este momento nosotros, los no políticos, los apolíticos, los "simples", tenemos más poder que él. Lo que sucedió en los 60's con Vietnam, no sería ni comparable con lo que podríamos hacer ahora nosotros si nos unieramos.

Este no fue el señor que tuvo una entrevista con el Dalai Lama hace poco?, quisiera saber que piensa el Dalai lama en su interior acerca de Bush, seguro diría un... "menudo hijo de puta", que se deje de tonterías que con las de su padre ya sobran.

En fin señores, cambiemos, evolucionemos de una buena vez, todos, el amor es lo que mueve el mundo y es lo único que lo salvará, no importan las religiones, ni credos, ni biblias, ni nada, cada ser humano nace con el amor en su corazón y eso es lo que le da la fuerza increible para cambiar, a él y al mundo entero.

La vida es muy bonita como para meterle en medio bombas nucleares, que será de los delfines y las ballenas?, de los elefantes y los colibríes...

A fin de cuentas, Dios no se equivoca (escoge el Dios que quieras) así que si llegara a pasar algo a nivel del planeta, pues yo creo que Dios diría... "Toda raza tiene el fin que se merece".

Este artículo del Blog de César Hildebrandt (el cual es una recopilación de sus artículos publicados en el diario la primera y en donde se encuentre) me parece muy interesante...

En él César Hildebrandt da un análisis algo crudo de la personalidad e inclinaciones tanto políticas como económicas de su querida hermana, habla también de la evolución que han sufridos sus ideologías y de la manera altamente eficiente en la que puede adaptarse a la vanguardia.

Es sumamente interesante....no suelo copiar y pegar artículos enteros...pero éste merece la pena almacenarlo en mi blog, quien sabe si en algún momento sea borrado del blog de césar...

Lo cito a continuación:

(La Primera) Martha Hildebrandt
Por: César Hildebrandt

Martha Hildebrandt es un carácter embutido en un cactus. Si la inteligencia fuera dinero, Martha sería una señora Trump viviendo en Manhattan, donde gruñiría en inglés por la pobreza idiomática del Post y caminaría por el Central Park con ese aire de ex ministra del Interior de alguna dictadura de la Europa oriental.

Pero como la inteligencia sólo alcanza para pagar la luz y el teléfono y ser especialista en Bolívar o en filología comparada vende pocos ejemplares y obtiene poco reconocimiento, Martha tuvo que incursionar en la política siguiendo el único instinto que jamás le ha fallado: la adicción por el poder y la autoridad.

Fue funcionaria con Velasco Alvarado, ese chino de Castilla que quiso evitar el comunismo y que sólo se cuadraba ante ella, sonando los tacones como si se tratara de presentarse ante la mismísima mariscala. En esa época era socialista a rabiar y caviar de Beluga, una Rosa de Luxemburgo que iba a la ópera en visón y tintineando de pulseras doradas.

Pero así y todo convirtió la cultura en una prioridad y la edición y los premios a la producción académica en una cosa de todos los días en un país donde la gente seguía murmurando al leer y creyendo que el noticiero 24 horas era el colmo de la exquisitez cosmopolita.

Hizo obra aquí y en la Unesco, en París, donde sí le reconocieron el equipaje académico de ekeka sudamericana y la trataron a cuerpo de reina.

Más tarde comparó a Alan García con Simón Bolívar cuando García mandaba como un huno desde sus balconazos decretando que el cemento bajara, que la leche proliferara por el milagro de las ubres y que los domingos fueran lunes para que la gente siguiera trabajando.

Pero García era, al final, un demócrata y eso terminó por decepcionarla. ¿Cómo era eso de estatizar la banca y luego dejarse amedrentar por la grita de Vargas Llosa y el colchón de Pardo Mesones? No, ese no era un comandante en jefe como el Fidel con quien hizo tan buenas migas.

Porque a ella lo que le fascina es el ejercicio de la autoridad, el grito mandón, la unanimidad concentrada en un caudillo. Hubiera sido leguiista, benavidista, sanchezcerrista, odriista y, desde luego, como resultó siendo, fujimorista.

A esos predios llegó defendiendo a Fujimori en la TV, cuando la inteligencia del país censuraba al autócrata y se reía de sus vulgaridades gramaticales. Fue entonces que esta purista acérrima del habla culta soltó la tesis de que Fujimori se equivocaba a ratos con el castellano porque esta era su segunda lengua, considerando el japonés ancestral que tampoco hablaba bien.

Se olvidó de que la mayor parte de la generación de Fujimori aprendió el idioma del país que los acogió y lo habló con solvencia y creatividad. Se olvidó de los Watanabe, los Tanaka, los Tsuchiya, ejemplares en el decir y en el hacer.

Y de resultas de esta coartada, que ocultaba el hecho comprobado más tarde de cómo Fujimori despreciaba la historia del Perú aporreando simbólicamente su idioma oficial, Martha fue enamorando al Yamamoto de tantos Pearl Harbor domésticos.

Durante la década de Montesinos y su compadre extranjero, Martha defendió con elocuencia los logros del gobierno –que los tuvo–, calló hasta en esperanto sus desaprobaciones y recibió encargos sombríos que cumplió con la eficacia de su talento de generala en eterna disponibilidad.

Encargos, por ejemplo, como el de negar el terrorismo de Estado, las masacres del grupo Colina, la monra de los Hermoza Ríos y la defenestración del Tribunal Constitucional tras la “interpretación auténtica” del artículo 112 de la Constitución, esa sucia maniobra que permitió la segunda reelección del hoy prófugo.

Y todo lo hizo fulminando con un grito a cuanto alfeñique oratorio se le parase por delante y con la habilidad dialéctica que sólo la da el masaje neuronal de los libros.
Hace algunos días, Martha volvió a demostrar que está en forma tratando como a una maruja invertebrada a una animadora de la tele.

Porque su inteligencia brilla a los 81 años de su edad como si se hubiese conservado en formol y su carácter parece una espada toledana que hiere y decapita, si es necesario, a quien ose contrariarla.

Si la inteligencia fuese capital, Martha se trataría de tú a tú con Bill Gates.
Pero la inteligencia es un don, así como la estupidez es un déficit genético.
Así que si la coherencia y los valores fueran también un capital, Martha pediría limosna bajo un puente de la vía expresa.